15/05/2021
  • 15/05/2021
Pablo Iglesias abandona el debate en la radio de PRISA. / Cadena SER

Moleskine electoral. Día 12. La espantá

By on 24/04/2021 0 86 Views

Cuenta mi amigo Alex que en su más tierna infancia quiso ser torero.


-Tenía tres años y mi abuelo me llevó a un tentadero.


Al ver al animal, se escondió en el coche y nunca más se supo de la afición en ciernes. A Pablo Iglesias le pasa a menudo algo parecido con la democracia. Es una definición que no ha terminado de encajarle, como una de esas camisas que se compra uno en Punta Cana en el viaje de mitad de carrera y anda ahí en el armario de manera perenne, en esa tesitura entre saber que nunca te la vas a poner porque no te cabe y porque es una horterada y conservarla por si acaso.


El debate de la SER tuvo más de autodeterminación demócrata que del propio modelo. Lo primero porque sentarse a conversar sobre algo no hace per se mejor a un sistema. De ser así, las tertulias de las madres que llevan a los coles a los niños en torno a un café, los vermús de los mayores o los copazos después del trabajo habrían afianzado a la nuestra como la mejor democracia del mundo.


Demócrata se encuentra uno siendo por un imperativo legal asentado que es un imperativo similar al caso de los indepes y el ser o no español. En esa piel aniñada, de gustos o disgustos, de latidos, de sentimentalismo de novela de después de comer, se han colado los modelos sociales y filosóficos que deben contraponerse más por la razón que por la lágrima.


Cuando Àngels Barceló abandonó su atril para que Pablo Iglesias no se fuera, fue calificada de “activista política” por Rocío Monasterio que llegaba con el discurso bien sabido y preparado. A partir de eso, todo ha quedado relegado a una lucha que define muy bien la autodeterminación de ‘demócrata’ de hoy: no solo basta con votar cada cuatro años, cumplir la Constitución y repetir “libertad, libertad” a machamartillo sino también señalar a aquellos a quienes no se les considera parte del juego que son, por añadidura, los rivales políticos.


De poco sirve ya tirar de hemeroteca y manifestar que Carolina Bescansa se negó a condenar violaciones de derechos humanos en Venezuela ante Javier Nart utilizando el axioma generalista de la condena de todo tipo de tropelías en es sentido. Esa carta fue la utilizada por Monasterio que, a las puertas de la radio de PRISA, y en el propio debate, instó a Iglesias a llevar al asunto de las bochornosas cartas recibidas al cuartel más cercano.


Ni podemos ni debemos pasar por alto que quienes ahora se quejan -con preocupación y razón- de recibir esas balas en sus buzones son los mismos que han pactado con los que las descerrajaban en las nucas. Este hecho gravísimo, que denota tensión social de extremos, es la consecuencia de las políticas de enfrentamientos entre los partidos y su caladero en delincuentes sin medida.


Iglesias se fue de Gran Vía, 32 como ya lo hizo en su día Justin Bieber y a su barco le llamó libertad. El cantante estaba desganado y vinieron a tocarle los colgantes con una traducción en la que cuestionaban si se vestía solo, algo parecido a lo que le dijo al morado la candidata de VOX. Tras la espantá, La Sexta y RTVE han cancelado los debates que quedaban antes del fin de la campaña madrileña.


Es entendible que ambas televisiones digan que no a los formatos si a los mismos no van a acudir aquellos que quieren que ganen. La democracia consiste también en escuchar lo que no se quiere oír y esa camisa no parece ser del gusto del Bieber de Galapagar que al salir de la SER cerró la puerta de la confrontación verbal como mi amigo hizo con el toreo en aquel tentadero.

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