15/05/2021
  • 15/05/2021
Los jóvenes de ayer, los jóvenes de hoy.

Moleskine electoral. Día no sé cuántos. Fin de la trifulca, hora de la realidad

By on 04/05/2021 0 62 Views

Madrid se levanta teniendo que ir a trabajar porque el festivo fue ayer. Hay quien amanecerá de resaca porque en Madrid cada uno puede poner pie descalzo en suelo tras el despertador como le dé la gana. Es una región, incluso, en la que si te sientes mal por la cogorza puedes no ir a trabajar. Eso sí, te pueden echar del trabajo por ausencia injustificada. Vamos, es un sitio normal.


A la responsabilidad del trabajo se nos une hoy la de votar, que es un coñazo de primer nivel en sí al que sumamos las medidas del COVID. La carga consiste también en saber a quién se elige después de una campaña que ha de calificarse como histórica. Lo es. Pero una campaña de este tipo debería haberse jugado con argumentos y no con botellazos de litronas en las cabezas. Es una metáfora, no solo me refiero al mitin de VOX en Vallecas.


En el instituto, tenía un profesor de Biología, Gerardo, que estaba muy en contra de lo absurdo por el ‘qué pasará‘.


-Imaginaos que llegan los extraterrestres aquí y nos matan, o ya nos hemos extinguido entre nosotros, y lo único que encuentran es un DVD de ‘Jackass’, ¿qué opinión se llevarían?


Algo así pasa con la campaña electoral madrileña y con el propio futuro de la gobernanza. Porque estas peleas barriobajeras, lamentables, han dejado en el votante una huella de rencor. Parece que somos reescritores de nuestra propia historia y que no vemos lo que hicieron las guerras fratricidas. Inmersos en ellas, cuando se nos olvida, sacan a Franco. O un ‘comunismo o libertad’.


Se da la asquerosa circunstancia de que nos sentimos como peces en el agua en esa disquisición: o blanco, o negro. No avanzamos. No avanzamos por españoles. La escucha, el debate, la razón, ha quedado reducida a la simplificación que enfrenta y que es jaleada por jóvenes que, lejos de ser radicales, son moderados comebolsas del sistema actual.


Suele hablarse de la desconexión del joven con los asuntos que interesan y deciden y no es así. Ahí recae el problema: nunca ha habido líderes con tan poca experiencia. O carentes de ella. Sánchez, Casado, Arrimadas, Errejón, Abascal, Yolanda…¡no pasan de los 50!


Y en Madrid, solo Gabilondo y Edmundo Bal lo hacen. Por tanto, no extraña que hayan sido los candidatos que menos hayan entrado en el salseo ridículo de la campaña de marras. Vamos, que han desterrado el show y por eso salen perdiendo. Ahí, precisamente ahí, se trasluce el cerebro del votante ‘Sálvame’. Un palabro que puede ir en minúsculas por el afiliado que grita, “¡sálvame!”.


Con las listas municipales, se coló una juventud bienaventurada en los mítines pero manifiestamente inútil y mejorable en lo que a gestión se refiere. En mi pueblo, al que en los entornos de NNGG llaman el ‘Minguito‘, podría convertirse en el Michael Callow de un Black Mirror nacional -de momento, anda en ensayos- por lo que no le harían dimitir ni dimitiría por sí mismo. Total, si no lo ha hecho ya, ¿por que debería hacerlo?


Es un ejemplo, sin más, de cómo se cuelan ineptos en la función pública. Los partidos, toda vez que los muchachos entran y les engañan, no tienen posibilidad de decir un “sí, nos hemos equivocado, les mandamos a la mierda” porque eso es debilidad. Y así nos luce el pelo.


A mediodía, en la radio contaré una historia de un joven que vota por vez primera. En ella le pregunto si la campaña electoral le ha servido para elegir su sufragio. “Son mercenarios todos”, dice. Es, quizá, la bajada a la realidad más importante de todo lo escuchado. Los hay más avispados que aquellos que pretenden ser ‘mandatarios’ y solo son cutres gestores. O sea, hay esperanza.


Los resultados de hoy serán el fin de lo patético de esta batalla. Claro que Madrid ha dado que hablar, ¡y de qué forma! A partir de la formación de gobierno, el objetivo es no dar asco internacional sino motivar a jóvenes normales, que son la mayoría, aquella que desgasta los codos y no las rodillas por ser lo que quieren ser. Nuestra forma de vida no es Ayuso, ni Monasterio, ni Gabilondo, ni Mónica, ni Iglesias, ni Edmundo. Sin ellos hemos sido libres y con o sin ellos, seremos libres.


Este martes se trabaja y no nos encabronemos demasiado por ver a los concejales de nuestros pueblos con sus credenciales, vestidos de gilipollas, diciéndonos dónde tenemos que votar. Preguntémosles que quién curra en los despachos de los ayuntamientos que todos acoquinamos. Y planteemos, desde la sociedad civil, un fin a todo esto que sea lo que los americanos llaman win-win: les pagamos, cobran y que ni vayan. Es la única dignidad que les queda tras protagonizar -y/o defender- el bochorno de una campaña electoral que fue, sencillamente, una histórica puta vergüenza.

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