30/09/2022
  • 30/09/2022
Lagrimas en Platidecor

Lágrimas en Plastidecor

By on 17/03/2022 0 201 Views

Los abuelos también forman parte de las guerras. En la furgoneta que ya ha recorrido Alemania, la República Checa y buena parte de Polonia, además de cruzar España y Francia, viaja una silla de ruedas. Es para un señor mayor cuyas piernas han dicho basta fruto de la preocupación de las últimas semanas.

-No quiere venirse a España.

Me dice su hija. Lo único que ha pedido es que le den «una pastillita» que le ayude a dormir para siempre. Su deseo desde que comenzasen las amenazas de Putin era tan duro como simple: morir. Es abuelo y no quiere que sus nietos pasen por lo mismo que pasó él cuando apenas había cumplido la decena.

Nadie merece que le roben la infancia.

María apenas ha comido dos plátanos y una mandarina en las últimas 24 horas. Es hoy, quizá, una de las mujeres más fuertes del mundo. Pese a que a sus pasados 60 nadie le hubiera recomendado hacer un viaje en furgoneta de más de 36 horas, y otras tantas de vuelta, el amor de abuela puede con cualquier miedo.

Le es inevitable darme con el brazo cada vez que vemos un tanque, vehículos ligeros de combate o camiones de carga de material ofensivo o defensivo. Desde que entramos en Polonia, agarra con sus manos los cabeceros de los asientos de conductor y copiloto y agita la cabeza continuamente mirando a ambos lados de la carretera.

En una pausa, saco de una bolsa rosa un montón de dibujos que han realizado los alumnos del colegio Concepcionistas y las Escuelas Infantiles Trébol y El Nido de San Lorenzo de El Escorial. Ojea detenidamente cada folio, cada recorte en forma de corazón, cada díptico realizado en cartulina. Muchos de ellos contienen mensajes de ánimo escritos en ucraniano que le hacen sacar la leve sonrisa de quien va a una guerra.

En un momento dado, sus manos se detienen sobre uno de ellos. Ha sido realizado con pinturas de esas que pueblan los botes de cualquier clase de cualquier rincón del mundo. En ella, un dibujo de una persona con los brazos abiertos que tiene detalles hispanos; muy cerca, como corriendo, un dibujo algo más pequeño con los colores de Ucrania.

Una lágrima cae por la mejilla con arrugas de la mujer que es sobre los bellos trazos conservados de la mujer que fue. No hace falta que hable nuestro idioma para saber que le quedan apenas unos minutos para convertir esos trazos infantiles en un cuadro hiperrealista cuando sus brazos, hoy más fuertes que nunca, abracen a su nieta que espera en la frontera a ese ángel de la guarda que siempre tendremos en los abuelos.

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