08/12/2021
  • 08/12/2021

Carta del Director: La Eta a la que puedes votar

By on 20/10/2021 0 126 Views

El tiempo es relativo. Como la vida. No son lo mismo 532 días en un zulo que 532 días como diputado. Y, lo que es peor, no es lo mismo un día vivo que, al día siguiente, estar muerto. Esto último no es similar por los que se quedan: los familiares, amigos y toda la gente que a uno quiere.

Los 10 años de la Eta sin matar son celebrados hoy por los adalides de la democracia como un triunfo de la misma. Con la banda terrorista y mafiosa, no acabó Zapatero ni siquiera «Rajoy, que no molestó», en palabras de Martxelo Otamendi, un periodista filoterrorista que compadreó con Évole, por entonces, ‘El Follonero’.

Si queremos ponernos épicos, su propia cobardía es la que acabó con ellos. Esos ‘gudaris’ de todo a cien, activistas del racista Sabino Arana a quien ni conocen -ni mierda que los importa-, acabaron por ser más tirapiedras que descerrajar nucas por la consecuencia, ay, de lo que ellos consideraban un motivo.

Aquel ‘ejército’ que Aznar rebautizó como «movimiento de liberación vasco», creando una entente cordial más allá de la de Arriola y Zarzalejos en Zúrich, concluyó a medida que avanzaba la tecnología. Las cámaras de los cajeros demostraron que eran ‘vendeporros’ subvencionados…por las herriko y lo que fue Herri Batasuna.

La memoria es primordial en todos los aspectos. Alguien que no la tiene, continuará corriendo por el parque y zarandeándose en columpios toda su vida. La niñitis regresiva es el silencio más mordaz de todo lo que se ha intentado blanquear a los que sacudían el árbol para que otros recojan las nueces.

Mikel Zubimendi, el 24 de marzo del 95, arrojó un saco de cal sobre el escaño de Ramón Jáuregui en el Parlamento Vasco. Era de Kas, Jarrai, HB…era un hijo de puta. Tanto, que después desapareció para unirse a la Eta. Oh, ¡quién lo hubiera imaginado!

Es un cuento, ciertamente demócrata de aquellos que abrazan y abrazan, y siguen, y seguirán abrazando el vocablo, el que pensemos que la HB de entonces no era legal. No lo era. Y así pasaron por varias nomenclaturas más que han sido prohibidas a base de evidencias que demuestran que son bastardos de la Eta.

Lo mismo también era un partido como el PNV cuyo Ibarretxe (el del plan sin cojones carcelarios como sí lo fue el de Puchi) recogía ‘los frutos’ de los asesinatos. Lo dijo Arzalluz. Con ese partido, pactó el PP de entonces. Es más, con ese partido, el PP de Rajoy aprobó unos Presupuestos y, días después, le puso de patas en la calle.

El reparto de los escaños -atado y bien atado- dedica unos cuantos a los nacionalismos periféricos muy por encima de su representación en el Congreso. Y es que, nunca está de más recordar que la cámara que intenta dar valor a las regiones es el Senado, que para nada sirve y, para nada, vale.

Objetable es que partidos como el popular o el socialista, que han sufrido en sus carnes la barbarie del terror, realicen acercamientos de uno y otro tipo a quienes lo consienten o a los que, directamente, lo ejecutaron.

La política empieza a ser cuestionable bajo estos términos: el interés intrínseco como formación y como estrategia futura, importa más que el análisis de identificar, claramente, quienes son los enemigos del país, de tus vecinos. Justamente, la disolución en agua de la Eta transformada en EH Bildu es el circunloquio.

‘Lo País’ de Pepa Bueno, escribía ayer en su portada que Arnaldo Otegi había pedido perdón por el terrorismo de la Eta. Más allá de acabar con la equidistancia del medio sobre si el partido era la banda y la banda, el partido, que lo es, auguraban otro éxito de esos léxicos a los que nos acostumbran: perdón, «sin usar esa palabra expresamente».

Hace diez años, Francino se puso a llorar como una pepa en las mañanas de la SER. Con una música de sollozos tipo Yiruma de fondito, se emocionaba porque los asesinos prometían dejar de matar. Cuando nadie los creía, él sí, y como pasó con Gabilondo y Ferreras el 11-M, nadie a ellos.

Los niños que crecimos viendo las noticias antes de ir al cole en los 90, la sociedad en general, no puede ver si no como bueno el hecho de que los coches bomba y los tiros en la nuca, los secuestros, las extorsiones y las granadas, hayan sido eliminados del día a día que nos hizo ser más mayores a destiempo.

Pero tampoco podemos dejar de ver que la ‘no violencia’ se ha convertido en parlamentarismo. El blanqueamiento de los, aún hoy, convencidos de la enemistad, cueste lo que cueste, es un apoyo a la mimetización.

Las lágrimas y las inserciones en portada con cierta ‘prisa’ son, sin duda, otra estrategia del ‘agit-prop’ de quienes dependen del raptor Otegi para sacar adelante su política que defenestra a tantas y tantas víctimas que, incluso, escuchaban su radio, leían su periódico y estaban afiliados a su partido. Sean las siglas que quieran.

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