29/07/2021
  • 29/07/2021
Restaurante Casa Ochoa Puerto de Navacerrada

“Casa Ochoa” tres generaciones de cocineros en el Puerto de Navacerrada

By on 06/06/2021 0 226 Views

Ni idea de lo que es la chía o el plancton marino. Demasiado moderno. Pero lo que sí sabe Manuel Ochoa es servir un buen plato de Judiones de la Granja con el único objetivo de complacer a esos estómagos agradecidos que visitan su casa. Tercera generación de cocineros al frente del Restaurante Ochoa, una de las casas de comidas con más solera de la Sierra de Guadarrama.

Corría el año 1940 cuando Juan Manuel Ochoa, abuelo de Manolo, se estableció en el Puerto de Navacerrada. Oriundo de Cercedilla madrugaba para ofrecer un buen caldo caliente a los esquiadores y visitantes que llegaban en tren. Así abrió sus puertas Casa Ochoa, situada a tan sólo 20 metros -literales- de la estación de tren del Puerto.

Pertenecientes a una saga de esquiadores fue Manuel Ochoa Nieto, padre de Manolo, varias veces campeón de España, quien enseñó a esquiar a su sobrino Paco Fernández Ochoa, quien años después se convertiría en el primer español en conseguir una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos de Invierno, en Sapporo 1972.

Durante 81 años en este establecimiento sencillo con decoración rústica en madera, se han sentado a la mesa multitud de personas, desde jefes de estado a miembros de la realeza, políticos, deportistas e infinidad de celebridades junto a turistas, gente anónima y sobre todo gente sencilla, comensales con el mismo factor común, compartir el gusto por la buena mesa y que con el tiempo se han convertido en amigos a los que deleitar el paladar.

Muchos recuerdos y anécdotas se han cocinado entre las paredes de este lugar que ha sobrevivido a infinitas nevadas y largos periodos de incomunicación. Manuel recuerda cómo le contó su padre que tuvo que bajar en trineo desde el Hotel Arias hasta la parada de tren a Carmen Franco hija del Jefe de Estado en ese momento, embarazada y casi de parto de su hija Carmen Martínez Bordiú.

Pero el gran secreto de Ochoa reside en trabajar con una buena materia prima, apostando seriamente por los productos locales y sobre todo ser honestos con lo que ofrecen en su carta, que no ha variado con los años, convirtiéndose en un oasis culinario para los amantes de los guisos y las especialidades mas tradicionales “no hay que cambiar cuando algo funciona, yo ofrezco a mis clientes lo que a mí me gusta”.

Trabajador incansable Manolo lleva toda la vida dedicándose a la restauración, recuerda cómo jugaba entre las faldas de su madre y los fogones de la cocina y reconoce que “me encanta mi trabajo pero estoy cansado son muchos años, necesito tranquilidad”. Nos confiesa también que no habrá una cuarta generación que gestione el negocio, sus hijas tienen otras profesiones, pero intentará que cuando se vaya el restaurante pueda seguir funcionando y manteniendo la misma esencia.

El nieto del fundador ve muy oscuro el futuro de la hostelería en la Sierra madrileña “cada vez se abren más establecimientos de comida rápida y comida basura, me da pena que se pierda la tradición culinaria que tenemos” nos comenta serio y apenado.

Pero lo que últimamente le quita el sueño es la situación de inestabilidad que están pasando este año, durante cuatro meses sufrieron el cierre por el confinamiento del Covid-19, el paso del temporal Filomena les obligó a cerrar nuevamente y el corte de carreteras por las aglomeraciones y los colapsos de los visitantes ha sido la puntilla. Además desde hace un año está suspendido el servicio de cercanías entre Cercedilla y Cotos, tan sólo llegan dos autobuses lanzadera llenos de senderistas domingueros que no aportan riqueza al entorno, sino suciedad “vamos de mal en peor” apostilla Ochoa.

Nos preguntamos qué pensaría el abuelo Juan Manuel sobre la decisión que tomó el Ministerio para la Transición Ecológica el pasado 3 de marzo, ordenando el cierre definitivo de las tres pistas de esquí correspondientes a la vertiente segoviana, alegando sufrir un gran impacto medioambiental debido al cambio climático.

Escaparate, Telégrafo y El Bosque situadas en el entorno del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, tendrán que retirar sus telesillas y resto de elementos para devolver la zona a su estado natural. Una decisión que según Manuel “carece de fundamentos ambientales y sociales y que supondrá la pérdida de cientos de puestos de trabajo, ya no sólo en las pistas sino también en todo el entorno de la comarca” y lo peor de todo es que “nadie nos ha consultado, ni se ha interesado por nosotros, nos sentimos desamparados, sin noticias, con impotencia, pena y rabia; esta decisión sólo traerá más pobreza y suciedad a la zona, estoy convencido que el impacto medioambiental irá a peor, pero no nos rendiremos seguiremos luchando hasta el final”.

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