17/04/2021
  • 17/04/2021
Felix Bernardino

Carta del Director: Félix Bernardino y la costumbre del trazo

By on 03/03/2021 0 134 Views

A medida que Madrid ha ido perdiendo el costumbrismo entre la marabunta del vulgo necio -aquella mala bondad ochentera acabó con La Colmena de Cela- los pueblos de la región han ido adquiriendo más, todavía, si cabe, idiosincrasia. Ciudades automáticas se fusionan hoy con lo de siempre, con el San Lorenzo de El Escorial que fue que, en el caso de San Lorenzo de El Escorial, es mucho.

A San Lorenzo de El Escorial le pasa como a Praga: es un sitio de cuento, de leyendas de esas que han de ser pintadas. Pero no todo el mundo sabe pintar como lo hacía Félix Bernardino. Era un hombre pegado a un papel y cualquier instrumento que sirviera para teñirlo. Las hojas en blanco son una vida, cada una, la suya, a la que le faltan historias y para eso están las muñecas y el arte.

Esbozó todo lo que hay que pintar del Real Sitio y lo hizo, incluso, varias veces. Nunca serán suficientes porque los trazos de Félix eran los trazos del sentido y de la visión, de la pintura que late y hace latir. Si alguien que vive fuera del pueblo ve una ilustración suya, el tiempo se para y puede hacer rememorar aquello que vivió en ese mismo sitio en el que al agua, como en el río, nunca pasa dos veces.

El Monasterio como fuente de inspiración, como creación de “un pueblo a sus orillas, El Escorial nació”. Agrandar la historia del mismo es lo que ha hecho este artista que ha conseguido, además, algo muy difícil en el caníbal mundo de la pintura y la crítica que lleva implícita: la unanimidad del resto del gremio, del mundo de la cultura local y lo que es más importante, del pueblo entero, para denominarle ‘genio’ sin paliativos como demostró en la entrevista que le hizo hace unos años mi amigo Enrique Peñas en Aquí en La Sierra.

Pasear hoy por las redes sociales es un ejercicio de recuerdo en el que, cada uno, cuenta el momento que más le marcó junto a él. Tener muchos años y que la gente te quiera es un buen motivo para ser feliz. No solo tenía tiempo para pintar sino que tenía tiempo para escuchar aunque todos coincidiremos en que, lo mejor que tenía, es ser escuchado.

Estoy seguro de que el pueblo que le acogió y que hizo aun más grande le rendirá el homenaje que merece. Ya se hizo dándole su nombre a la Sala de la Casa de la Cultura en un sentido acto y sincero, donde Carlota y Enrique fueron las caras visibles de la honra de todo un municipio. Esa representación vecinal, cercana y costumbrista, alejada de cualquier tipo de conflicto, es lo que hace grande a este pueblo cuando de rendir tributo a un grande se trata.

Se ha ido Félix Bernardino y ya no aparecerán nuevos trazos de la Romería, de Floridablanca, de nuestra Virgen de Gracia. En la memoria quedará verle sentado en cualquier rincón siendo dichoso plasmando instantes que serían después una dicha vecinal. Félix proviene del latín y viene a decir alguien que se considera afortunado. El pueblo de tus amores te despide siendo muy, pero que muy afortunado de tal referente de las costumbres, de tu felicidad hecha lienzo de ser, ni más ni menos, San Lorenzo de El Escorial con mayúsculas.

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